SANTO DOMINGO, RD.- La reciente carta abierta dirigida al “Escudo de las Américas” por dirigentes políticos, académicos, militares retirados y representantes de la sociedad civil, pone sobre la mesa una verdad que no podemos seguir ignorando: la República Dominicana no puede ni debe convertirse en el amortiguador de la crisis haitiana.

Durante décadas, la comunidad internacional ha ensayado fórmulas que han fracasado en Haití. Misiones de la ONU y otros organismos se han limitado a administrar la emergencia sin lograr fortalecer las instituciones ni contener el avance del crimen organizado y las bandas armadas. El resultado es un Estado desintegrado que amenaza la seguridad del Caribe y del continente.
No podemos dejar de señalar que, en medio de esta discusión, algunas ONGs y sectores prohaitianos han insistido en fórmulas que, bajo el discurso de la solidaridad, buscan que la República Dominicana asuma cargas que no le corresponden. Más grave aún, seguir esa agenda de parte de dominicanos pagados para promoverla sería una traición a la soberanía nacional, pues implica renunciar a la defensa de nuestros intereses y aceptar que el país se convierta en un “Estado tapón” o zona de amortiguamiento.
La única salida sostenible es la reconstrucción de Haití dentro de Haití, con un compromiso real de corresponsabilidad internacional. Los países que integran el “Escudo de las Américas” deben entender que la seguridad continental depende de que Haití recupere su institucionalidad, y eso solo se logrará con una intervención seria, coordinada y enfocada en el territorio haitiano.
La República Dominicana seguirá siendo un vecino solidario, pero no puede ser el sustituto de un Estado que necesita reconstruirse desde sus cimientos. Defender nuestra soberanía no es negociable.
Por Genofóntes Urbáez – Minuto Cero RD







