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OPINION | Ocoa novelada por Santiago de la Cruz

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Frank Núñez

SANTO DOMINGO, RD.- Una entrada que prometía el romance bucólico entre un joven militar de San José de Ocoa y una hermosa joven de la montañosa comarca termina en un final infeliz y sangriento, en un ambiente matizado por los acontecimientos propios del fin de una dictadura y las consecuencias políticas que convirtieron en un infierno la vida del protagonista.

“Un guardia en la Era de Trujillo”, es el título de la novela del escritor Santiago de la Cruz, nacido en San José de Ocoa el 31 de diciembre del 1961, el mismo año del asesinato del dictador, hecho que puso fin a una Era, y dio inicio a otra marcada por la inestabilidad y la violencia, con golpes de Estado, levantamientos armados, revolución armada e intervención militar de los Estados Unidos.

El autor comienza el relato con “Un sueño: una ilusión”, reflejados en los ascensos militares del joven Juan Esmeraldo Pimentel, quien conquista además el amor de la bella Magdalena, pese a la radical oposición de su padre Román, quien veía como una herejía que su hija se relacionara con un simple guardia de la sección Los Quemados, de Rancho Arriba, en la fértil y fresca provincia sureña.

Vocación, voluntad y disciplina coincidieron con la realización amorosa, de manera que los reconocimientos castrenses llovieran como bendiciones, junto a las niñas, Vanessa y Melissa, quienes sumaron felicidad al hogar formado por el sargento Pimentel con su amada Magdalena.

Un análisis exhaustivo de la novela “Un guardia en la Era de Trujillo” arroja que el título podría reducir las expectativas del lector, debido a que la obra presenta un drama familiar, nacional, histórico y político, aprisiona al personaje central y lo hace víctima de una circunstancia cruel y fatal.

Figuras como el sacerdote canadiense Luis Quinn, estampa de San José de Ocoa, son recreadas por De la Cruz, que hace más verista la historia del militar ocoeño cuyos ascensos y suerte amorosa no fueron suficientes para un final feliz.

Los ocoeños podrían aclararnos dónde se dividen realidades y ficciones.

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