Inicio Opinión OPINION | Raíces inadvertidas de la nueva violencia dominicana

OPINION | Raíces inadvertidas de la nueva violencia dominicana

50
0
Frank Nuñez

SANTO DOMINGO, RD.- Una manifestación de consternación colectiva provocó en la sociedad dominicana la ejecución vil del conductor de camión recolector de basura, Deyvi Carlos Abreu Quezada, por parte de motoristas que lo persiguieron por las calles de Santiago, hasta darle alcance en el recinto del Palacio de Justicia de la principal ciudad del Cibao, donde le propinaron las estocadas mortales, acción que fue grabada y difundida en las redes sociales.

El lugar donde se produjo el crimen, la manera en que fue fríamente recogida por la cámara de un “comunicador”, la indiferencia de quienes pudieron auxiliarlo y trasladarlo a un centro hospitalario, sumado a la frialdad cruel de los asesinos, revelan un nuevo tipo de violencia en la sociedad dominicana, aunque muchos pretendan confundirla con la que tuvimos hace unas décadas, no solo por la frecuencia con que ahora se registran sino por las características de las acciones delictivas.

La espantosa muerte del conductor Abréu Quezada, quien a gritos oraba a Jesucristo y pedía clemencia para que no lo dejaran morir, pudo conocerse a plenitud por la acción de la persona que grabó el desenlace y lo hizo viral en las plataformas digitales, pero lo cierto es que las acciones vandálicas y violencias de los denominados “motochonchistas” son el pan nuestro de cada día en todo el país, hasta el punto de que es raro el ciudadano que no haya sido víctima de sus agresiones, físicas o verbales, ya que los mismos actúan como un “Estado” paralelo.

Por cierto, en un reciente foro organizado por el matutino Listín Diario y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), la procuradora general de la República, Yeny Berenice Reynoso, consideró necesario arribar a un “pacto de Estado” con todos los sectores de la vida nacional, para enfrentar el crimen y la violencia.

Esas palabras de la funcionaria, antes que crear esperanza, generan preocupación, debido a que nos deja entender que las leyes y organismos existentes en la República no son suficientes para enfrenar los males que tanto daños hacen a la sociedad.

Hemos repetido varias veces que nadie puede resolver un problema sin conocer sus verdaderas causas. Y lo cierto es que en la República Dominicana de las últimas décadas han surgido fenómenos con grandes efectos en la vida social, que contribuyen determinantemente en la violencia social e intrafamiliar, pero que nadie menciona, unos por miedo a lo que he llamado “inquisición” progresista y otros por pura ignorancia. El Foro UASD-Listín Diario no fue la excepción.

El primer gran problema que consideramos entre los orígenes de la nueva violencia en la República Dominicana está la crisis de la familia. Lo que queda de aquel “hogar dulce hogar” dominicano, es hoy un campo de batalla. Los desenlaces trágicos en la familia, donde las parejas se matan dejando miles de niños en la orfandad, se describen en los medios de comunicación como “producto de la violencia machista”.

Ocurre que eso que se ha impuesto en la narrativa de los hechos como “machismo” ha existido en Santo Domingo y en toda la América Latina desde la llegada de los europeos, sin que se registraran las muertes que se ve ahora, después que el sesgo “feminista” se entronizó en la sociedad, con un supuesto empoderamiento de la mujer, donde se pretende que esta vea al hombre como “el opresor” al que solo hay que utilizar como un instrumento desechable, solo necesario para extraerle recursos económicos para satisfacer las demandas del mercado.

La familia ha sido la primera víctima de la llamada “ideología de género”, objetivo que nunca ocultaron, porque sus militantes, organizadas en ONGs financiadas por organismos internacionales que conspiran contra la existencia de esta nación, siempre dijeron que buscaban destruir la familia nuclear, que definen como la representación del “patriarcado machista”.

Tras la conversión de la otrora pacífica pareja heterosexual en competidores enemigos, con el fomento del odio a todo lo que huele a hombre y masculinidad, surgen reacciones violentas contra la mujer, como lo que ahora llaman “agresión física” y/o “feminicidio”. Los mismos grupos que han creado las condiciones para esos repudiables enfrentamientos, los han tomado para vender la imagen del “hombre verdugo o abusador”, con términos generalizantes para todos los del sexo masculino. Con esa estrategia han logrado destruir en gran medida la familia dominicana, cada vez con más niños sin padres, estimulando las llamadas “familias monoparentales”.

Junto a la supuesta defensa a la mujer, los grupos y las ONGs feministas proclaman su alianza con la denominada comunidad LGTBQI+, también opuestos a la familia nuclear o tradicional, garante de la paz que reinó en pasadas generaciones.

Muy pocos hablan de los orígenes de la crisis familiar que sufre la sociedad dominicana de hoy. Los nacidos en los ambientes de familias disfuncionales son presas fáciles de fenómenos como la drogadicción y el pandillerismo, con la gravedad de que la escuela, esa segunda familia del niño y el adolescente dominicano, también está en crisis. Los medios de comunicación publican cada vez más frecuentemente enfrentamientos violentos entre alumnos y profesores, lo que ya está adquiriendo la percepción de normalidad.

Maestros y maestras, esos segundos padres y madres de los alumnos dominicanos, ya no existen. En el caso de la educación pública, se comportan como empleados sindicalizados que responden más a los intereses de la ADP que a los del Estado y la población dominicana. Su interés no es enseñar, sino obtener conquistas económicas para el disfrute personal de los afiliados.

En los momentos que escribimos estas líneas, leemos en el Listín Diario de este jueves 23 de abril del 2026, una investigación de la entidad Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad (IDEC) que revela que un 52.9 por ciento de los adolescentes desertó del sistema educativo por factores económicos, desmotivación y desconexión curricular, rechazo académico acumulado, factores familiares, embarazo adolescente, violencia y clima escolar.

Recordamos una investigación que realizáramos para El Informe con Alicia Ortega sobre la violencia por lo que debimos entrevistar al entonces presidente del Consejo Nacional de Drogas (CND), mayor general José Aníbal Sanz Jiminián, quien nos reveló el impacto de la Ley Lavado en la República Dominicana, que estableció que para el envío de dólares con entrada o salida del país debían hacerse declaraciones juradas cuando pasaban de una suma superior a diez mil.

La nueva situación sobre el envío de dinero hizo que a quienes envían la droga fuera desde República Dominicana se le comenzara a pagar en especie, lo que motivó que comenzaran a buscarle mercado en el plano local, multiplicándose exponencialmente los puntos de estupefacientes, con aumento del microtráfico y el consumo de esas sustancias.
La desmotivación como uno de los factores de la deserción escolar se explica en que los adolescentes no ven en el estudio una garantía de superación económica, en una sociedad consumista en la que la ministra de la Mujer, Gloria Reyes sostiene que no es fácil ser hombre en la República Dominicana porque un joven “para poder llevar una novia a cenar necesita tener un carro”.

A lo dicho por la ministra Reyes se añada la afirmación en canales de televisión, emisoras y redes sociales de una influencer que fue esposa de Boca de Piano, quien sostuvo que un hombre que gana cuarenta mil pesos no tiene derecho a enamorarse. Ese salario es común entre muchos profesionales dominicanos. “¿Para qué voy a estudiar?”, se pregunta el adolescente que ve los lujos con que viven los que venden las drogas, quienes gozan de la aceptación de las comunidades en sus barriadas.

En el caso de las jóvenes, abundan los videos donde las mismas proclaman que con “cuerpos hechos” pueden conquistar clientes, muchos provenientes del mismo mercado de las drogas, que les pagan con qué satisfacer las demandas consumistas del mercado, andar bien montadas, con los celulares más caros, perfumes y prendas, alcanzado admiradores en las redes sociales.
Muchos de los violentos motochonchistas vienen de esa población desertora de la escuela, comprobándose que muchos de ellos son “delíverys” del narco, además de consumidores de la misma mercancía trastornadora de la conducta. Otra población de la que provienen los motochonchistas son los jóvenes que emigraron del campo a la ciudad, vendiendo las parcelas que heredaron de sus padres para establecerse en la ciudad con su propia “microempresa”.

En una sociedad como la que hemos descrito de manera sucinta en esta entrega, con organizaciones feministas y leyes que motivan a la destruición de la familia nuclear, con iglesias y partidos políticos que se hacen llamar cristianos y parecen desconocer cuál es el ropaje que en estos momentos está usando el enemigo, no debiera sorprendernos la violencia infernal que nos afecta.
Concomitantemente, una población haitiana va sustituyendo a la dominicana con familias numerosas y estables, ocupando las manos de obra hasta hacerse imprescindibles en la economía. Para ellos el feminismo no existe. Después no los culpemos de nuestra extinción como sociedad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí