SANTO DOMINGO, RD.- La pasión de la cantautora y psicóloga Olga Lara por la poesía fue evidenciada desde que, en sus años juveniles de la década de los ochenta, ya convertida en una popular baladista, llevó al escenario el concierto “Héctor, que todos te conozcan y que todos te quieran”, en honor al gran poeta y bohemio nacido en su provincia, Azua, Héctor J. Díaz.
La extraordinaria cultura literaria de Lara pudo ser observada por quien escribe cuando hace más de tres lustros compartió aulas con la hija distinguida de la provincia sureña en la asignatura Psicología Infantil. Lo que no llegó a revelarse fue la producción poética con matices clásicos y humanistas recogida en libros como Tras las barrancas, De vuelta a casa y Cosas del alma, a la luz de la Psicología, con grandes demandas en el mercado editorial.
Gracias al poder de los medios convencionales y digitales son de dominio público poemas como “Me inclino reverente”, junto al ya popular “Y no a sazones ajenos”, con una estética literaria que armoniza con la terapia psicológica.
En Me inclino reverente la poetisa Lara canta: “Ante seres humanos que piensan en los otros/ Ante aquellos que intentan encontrar una flor/ En desiertos, en ruinas, entre cristales rotos / Ante manos que ayudan a paliar el dolor. / Ante aquel que, aunque sufre deja atrás su aflicción/ Y con amplia sonrisa se propone alegrar/ Se entrega a dar consuelo con todo el corazón/ Aunque también quisiera permitirse llorar”.
El poema Y no a sazones ajenos revela la filosofía de vida de la autora. “Que mi vida sepa a mí/ Y no a sazones ajenos/ Que pueda reconocerme/ en acción y pensamiento. / Que al mirarme en un espejo/ Sepa muy bien a quien veo/ Y que al mirarme por dentro/ Tenga el mismo sentimiento”. El texto hace un periplo por la existencia humana y concluye: “Que cuando el viaje termine/ Pueda murmurar muy quedo/ Mi vida me supo a mi/ Y no a sabores ajenos”.
Disfrutemos de estas lecturas verdaderamente fascinantes.





