SANTO DOMINGO, RD.- Nuestra presencia como invitado en una trascendental actividad en la Academia Dominicana de la Lengua nos motivó a revisar discursos pronunciados por académicos entrantes, encontrándonos con el que leyó ante un selecto público el profesor Rafael González Tirado, fallecido hace un año, titulado “La problemática del lenguaje sexista en la República Dominicana”, destacándose, entre los teóricos analizados, la académica Lusitania Martínez, con una crítica feroz contra el idioma con el que ella plantea sus argumentos feministas.
González Tirado resaltaba que Martínez califica la lengua española como “discriminatoria”, esté o no esté el sexismo en el discurso o en la gramática, porque el idioma hablado y escrito “produce estereotipos que deforman el concepto humano de lo femenino”.
Las referencias del maestro de generaciones de periodistas al pensamiento de la filósofa existencialista, admiradora de la francesa Simone de Beauvoir, revelan que el mismo es diametralmente contrario a lo que ha sido la cultura occidental, influenciadas por el cristianismo y muchas costumbres cultivadas por todas sus denominaciones. Está claro que el leguaje ha servido para transmitir todos los valores de esta civilización.
Consideramos, a partir de lo que comenta González Tirado, que la escritora nacida en San Cristóbal en 1946, exagera en sus planteamientos. “Martínez está de acuerdo con que el sexismo evidencia en los diferentes en los diferentes lenguajes no es más que reflejo de la histórica y real y real situación de las mujeres en todas las esferas”, asegura.
Fuera oportuno establecer qué importancia le dan las “empoderadas” mujeres de esta tercera década del siglo XXI, esas mismas que llenan las universidades, partidos políticos, poderes del Estado y hasta olimpiadas deportivas, a que estén o no incluidas “en nombres y pronombres masculinos”. No es verdad esa afirmación de la filósofa que “la mujer no ha podido participar de la palabra ni de la producción de conocimientos”, porque la lengua es sexista porque la cultura es y ha sido masculina”.
El bachiller menos ilustrado entiende que el leguaje es parte de nuestra riqueza cultural y espiritual.







