El asesinato del agricultor mocano José Castillo Bellos, de 63 años, reaviva la preocupación nacional por la violencia en comunidades rurales y expone la vulnerabilidad de los productores frente a la delincuencia vinculada a la migración irregular.
SANTO DOMINGO, RD.- El hallazgo del cuerpo sin vida de José Castillo Bellos en su finca de Moca, con múltiples heridas de arma blanca y signos de mutilación, ha estremecido a la sociedad dominicana. El crimen, atribuido a un ciudadano haitiano que permanece prófugo, no es un hecho aislado: se suma a una serie de episodios violentos que han marcado la relación entre comunidades rurales y la creciente presencia de migrantes irregulares.

La brutalidad del ataque, ocurrido apenas horas después de que Castillo recibiera dinero por la venta de aguacates, refleja una realidad que va más allá de un simple robo. Es el retrato de la inseguridad que enfrentan los agricultores en zonas apartadas, donde la vigilancia estatal es limitada y la delincuencia encuentra terreno fértil.
La indignación de los vecinos y el temor que se extiende en la región ponen sobre la mesa un debate urgente: ¿cómo garantizar la seguridad de quienes sostienen la economía agrícola del país? La respuesta no puede limitarse a operativos coyunturales ni a discursos de ocasión. Se requiere una política integral que combine control migratorio, seguridad comunitaria y apoyo a los productores rurales.
La muerte de José Castillo Bellos no debe quedar como una estadística más. Es un llamado a la acción, a la responsabilidad institucional y a la conciencia ciudadana. La República Dominicana no puede permitir que sus campos se conviertan en escenarios de violencia impune.
“La muerte de José Castillo Bellos debe ser un llamado a la acción y no una estadística más.”
Por Genofóntes Urbáez – Minuto Cero RD







